
Parte de la función docente está centrada, lamentablemente muy centrada, en la evaluación del estudiante más que en su formación. Una gran responsabilidad (¿culpa?) de esto recae en las políticas educativas del MEP. Sin embargo, le cabe al docente, como individuo que convive y percibe la realidad (la verdadera, no la vista desde un escritorio ministerial), tratar de cambiar un poco este lastre y, dejando de lado el peso de la evaluación sumativa que el sistema impone, intentar forjar en los estudiantes algunas de las destrezas mentales superiores que anhelamos fuesen una política educativa teórica y práctica, es decir, con todo el apoyo logístico, jurídico y pedagógico de las autoridades correspondientes.
Pero, volviendo a la realidad, es necesario luchar cada día por sembrar un poco de ese anhelo, sin esperar grandes resultados, aunque sin desalentarnos.
Hoy tuve la posibilidad de leer y reflexionar sobre el asunto, y debo hacerlo más aún en el tiempo venidero (a partir de hoy, claro), con la profunda esperanza de lograr un poco de dicho anhelo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario